lunes, 13 de agosto de 2007

Lo que no entendemos del crimen











De este y varios crímenes ambientales. Un futuro incierto, rinocerontes de papel, elefantes de juguete y recuerdos naturales en el jardín del Edén.

Con rabia y dolor en el corazón lo único que me queda por decir es que en la sala de Pablo Ardila, gobernador de Cundinamarca, lo único que hace falta es su cabeza adornada con una flor y acompañada de uno de sus órganos creadores. Podría dársele un detalle final y poner una manzana dentro de su boca.
En la edición que salió a circulación el viernes 10 de agosto de la revista Don Juan aparece publicado un artículo con la más cruel de las infamias que se titula ‘Pobre niño rico’, digno de un gobernador, dueño de El Espacio, millonario y solitario.
El hombrecito vive en una casa de 2.600 metros cuadrados construida por Rogelio Salmona y, entre muchas otras de sus excentricidades, considera la cacería uno de sus pasatiempos favorito. En su mansión tiene colgadas cabezas de jirafas, elefantes, hipopótamos y rinocerontes. Resume todos estos ‘adornitos’ en sus trofeos de caza.
Cuando al hombre le preguntan si su pasatiempo favorito es un crimen ecológico, el tipo responde, sin más ni más, que no. En conclusión, Pablo Ardila puede entrar al cielo, con camello y todo debajo el brazo, por el ojo de una aguja.
Por si el hombre no sabía, los Principios de Protección Internacional del Derecho Ambiental existen. Es más, los derechos ambientales hacen parte de los Derechos Humanos de cualquier persona que habite el planeta. Dentro de estos principios, se incluye la protección de fauna y flora.
Si no es un delito matar a un rinoceronte en vía de extinción, tampoco lo es empuñar un arma y disparar contra un gobernador en pleno alegato.
Pablo Ardila debería de ser miembro del mismo grupo de primates africanos que, recientemente, anunció que quería deshacerse de 1.500 elefantes, los cuales, según ellos, estaban destruyendo árboles ¿Qué había detrás de todo? Si eliminaban a los elefantes, sus colmillos podían añadirse a las importantes reservas de marfil de Sudáfrica.
La decepción ambiental, sea cual sea el lado por el cual se mire, sigue siendo enorme. Los debates de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (Cites), que prohíben el comercio internacional de especies en vías de extinción, significan para el mundo un agarrón de 151 Estados en beneficio de sus intereses.
La comercialización de colmillos de marfil es apenas una muestra de estas discusiones y de los cambios que estamos ocasionando en nuestro entorno. El rinoceronte blanco es asesinado para extraer su carne, la tortuga de carey es de explotación masiva, los leones por algún motivo están dejando de cazar y en el mundo entero 11.167 especies animales están en vía de extinción.
Entre gustos y disgustos si se siguen cultivando flores de la talla de Pablo Ardila, lo único que van a terminar cazando los salvajes es un resfriado en la mitad de un territorio deserto.
La Cites
Aprobada en 1975 para responder a la creciente inquietud de la comunidad internacional frente a los riesgos de extinción de ciertas especies objeto de intercambios comerciales, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), establece grados de restricción de dicho comercio en función de los peligros que corre cada especie.

1 comentario:

Jenny dijo...

Ha sido un gusto volverte a conocer. Este homo me dejó indignada, y sería un crimen llamarle cerdo. A la raza humana aún le quedan posibilidades de salvación, por eso lo de hombre también me lo reservo. Un abrazo, Perlita!