lunes, 11 de febrero de 2008

Es mejor no planificar la vida



Muchas mujeres vivimos hoy día, con extrañeza, las arduas consecuencias de una vida bien planeada. Por estos días es mejor dedicarse a tener hijos, a levantar un hogar y a ser esclavas del ritmo que impone la olla pitadota. Una sentida protesta para todas las mujeres que contemplan la decisión de no ser madres.

Ese pito parece aburridor. Ese pito desespera. A ese pito debemos recurrir todos los días. Ese es el pito que marca la vida, el mismo que indica la cocción del pollo en la olla a presión.

Por estos días ser mujer y tener una vida planeada no trasciende más allá que en una satisfacción personal con un alto déficit de adrenalina. La situación se empeora cuando la mujer que planea esa vida, como yo, se casa con lo común y no supera el estrato tres dentro de su vida social.

Hace poco a una de mis primas la despidieron del trabajo. Las palabras justificadoras fueron significativas para una situación que ha dado la vuelta por un círculo que trae consigo la inequidad, luego llega a la equidad y vuelve a la inequidad. Esto puede parecer confuso pero, para ser más explícita, a mi prima la despidieron porque la empresa en la que trabajaba decidió que para hacer parte activa de la población trabajadora había que ser madre cabeza de familia.

Esta es una situación común de encontrar en nuestros días. La irresponsabilidad de muchos hombres ha provocado que en Colombia, más de la mitad de las madres sean mujeres cabezas de hogar. Así las cosas en la búsqueda desesperada de los gobiernos por proveer de fortalezas y alimentos a estas mujeres, hemos caído otras tantas. No sé si víctimas de la misma ineptitud masculina, pero si estoy segura que laceradas por la misma cadena de abandono.

Otros dirán que es culpa de las mismas mujeres, que la pierna suelta, que calenturientas y no sé cuál otra cantidad de palabras más. De todas maneras si hay un hijo es porque hay un padre y si las mujeres tuviéramos la alternativa de procrear solas, de seguro, más de una hubiera tomado la decisión de hacerlo.

No tengo nada contra las madres cabezas de hogar, es más, muchas de las mujeres de mi familia son las que se han amarrado los mismos pantalones que los hombres dejaron tirados en un momento de euforia encima de una cama. Pero, he notado, mientras busco nuevas oportunidades, que las mujeres que hemos decidido no ser madres estamos perdiendo todas las oportunidades laborales y crediticias.

Así como todas las mujeres tenemos derecho a ser madres, también deberíamos tener derecho a no serlo. Los ritmos de la vida han cambiado y ahora para acercarse a buscar un trabajo o un crédito, en muchas ocasiones, primero debe de certificarse que se tiene una responsabilidad en crecimiento.

Esta responsabilidad excluye madres, padres, suegros, suegras, padrastros, hermanos, hermanas, madrastras y abuelos. Solamente se aceptan responsabilidades en crecimiento, con las encías superiores descubiertas, los cachetes sonrojados y las rodillas raspadas.

Una cosa es apoyar a la mujeres que con el sudor de sus frentes levantan sus hijos a punta de aguapanela y bienestarina, pero otra, y muy diferente, es que se olviden de las que no somos madres.

Siguiendo con la lista de frustraciones; además, del despido acelerado de mi prima, hace poco me acerqué a mi Caja de Compensación Familiar, de la cual mejor omito el nombre, para preguntar por un crédito de vivienda, entre los requisitos no está ser madre pero si es completamente claro que si mi madre puede pararse, mi padre tiene pensión y no tengo una responsabilidad en crecimiento no puedo acceder a un préstamo porque las mujeres cabeza de familia son la prioridad.

Después de unas cuantas búsquedas que me han mostrado el mismo panorama he logrado comprender que para comprarme una casa propia, que sea mía, primero debo hacer otros intentos. Ahorrar es la solución más difícil; pero, de ahí para adelante tengo otras opciones: conquistar a un traqueto, ganarme el baloto, atracar un banco o llenarme de muchachitos y encerrarme en una cocina a esperar a que pite la olla presión.

Mientras tanto, frente a esta abrumante situación he tomado una sabia y desesperada decisión: ¡Señores busco marido que me mantenga!

2 comentarios:

Fernando Zapata dijo...

Muy bueno, como siempre. Y furioso, con toda razón. Aunque pienso que para las mujeres profesionales y jóvenes, que deciden no ser madres, este es un presente mucho más benévolo de cómo lo sientes en este escrito. Toda apuesta implica una renuncia, y otra mirada podría evaluar todas las que las madres solteras, en casos de vulnerabilidad grave como la falta de educación para competir en el mercado laboral, tienen que hacer sin proponérselo. No renuncies en el esfuerzo por conseguir la casita Perla. Yo, cuando iba en el metro y se me paraba una señora con paquetes enfrente, clavava mi mirada en el infinito y me hacía el ciego. Jajajaja. Gracias por estas lecturas siempre inteligentes y entretenidas. Saludos.

Jenny Giraldo García dijo...

Perla, tenemos derecho a no ser madres. Y con la sobrepoblación y detrimento de los recursos naturales, debería incluso ser una obligación por un buen tiempo. No ser madre, en mi caso, es un asunto de conciencia con el planeta, con mis semejantes y con todas esas otras mujeres que en su decisión (o casualidad) de serlo necesitan más espacio, más aire, más agua... no sería justo, entonces, que ahora por su causa sea yo la damnificada, al no tener lo que busco, lo que quiero o lo que necesito por el simple hecho de pensar que a esta tierrita pocos mortales le caben ya.