lunes, 2 de septiembre de 2013

Libreto a mano armada

Ilustración: Perro Pardo
Aventuras indignantes de un atraco en Medellín. 

Acto número 1
“Tomémonos algo en Zorba que el lugar es muy agradable y se puede conversar”.  Zorba: café ubicado sobre la Calle 8 de El Poblado. A media cuadra de la avenida principal de este barrio, uno de los “mejores” de Medellín.

Acto número 2
Salida de Zorba rumbo a la farmacia de la esquina para comprar pastillas. Tiempo recorrido: 1 minuto. Distancia: media cuadra.

Acto número 3
Sacar el celular en una esquina llena de gente y de luz. Motivo del “papayazo” (término usado por los colombianos para justificar a los ladrones): recordar un abrazo.

Acto número 4
Atraco con arma de fuego. Dos hombres en moto. Dato de contexto: ciudad donde los parrilleros hombres están prohibidos. Desenlace: llanto y paranoia. Reporte de perdida: celular Samsumg Galaxy SIV. Aproximadamente un millón 500 mil pesos en el mercado.

Acto número 5
Llamar a mi jefe para que hiciera cambio de contraseñas en las cuentas del periódico. Llamar a Tigo a reportar el robo del celular. Para rescatar: el libreto de Tigo está diseñado para que en el Call Center primero le pregunten al cliente si su salud se encuentra en perfecto estado. Mi jefe me ofreció plata prestada.

Acto número 6
Ir al CAI del Parque de El Poblado. Objetivo: reportar que estaban atracando en el sector. Se sabe que allí no se pueden hacer denuncias. Aunque suelo creerle poco a los policías, el agente que me atendió me dio la impresión de ser sincero.

Agente: ¿Qué le pasó?

Perla: acaban de atracarme en la esquina de la Pasteur. A una cuadra de acá. Eran dos hombres en una moto pequeña y de color blanco. No le alcancé a ver las placas.

Agente: ¡Otra vez esos hijueputas por acá! (Toma el radioteléfono) Para reportar la presencia de dos hombres en una moto pequeña tipo 100. Atracaron a una persona. Mirar en vías alternas. Ya los agentes tienen el reporte. ¿Sabe qué moto era?

Perla: no. Yo no sé de motos. Pero tenían un arma, una pistola.

Agente: un arma, ¿de fuego? ¿Era de verdad?

Perla: no sé. Tampoco sé de armas. Pero era mejor entregar el celular. Me dio miedo.

Agente: la moto era como esta que hay allí atrás (sale caminando para la parte trasera del CAI). Ya no está, salieron los compañeros. Pero bueno, puede denunciar en cualquier inspección de Policía mañana desde las 8 de la mañana hasta el medio día o ya el lunes. A esos hijueputas ya los hemos cogido como cinco veces pero la Fiscalía los suelta a los tres días.

Acto número 7
Desahogo en Facebook.

Ayer (viernes) a las 8:30 de la noche en esta Medellín que dice ser un hogar para la vida, en la misma que los motociclistas tienen prohibido andar con parrillero, dos hombres que iban en una moto pequeña y blanca (me dicen que pudo ser Biwis) me encañonaron en la esquina de la farmacia Pasteur que queda cerca del Parque de El Poblado. Uno por detrás (no lo vi) y otro por delante (moreno, alto, rapado y con ojos grandes, como si estuviera más asustado que yo). El de adelante sacó el arma, la puso en mi barriguita y me dijo: "Te vas a hacer matar malparida". Entregué el celular. El de atrás se montó a la moto y el de adelante empezó a halarme el bolso. Yo empecé a gritar: ¡Ladrones! ¡Ladrones! y ellos huyeron en la moto (no sé cómo, pero logré quedar con el bolso en la mano). La Pasteur estaba llena y drogas La Rebaja, que queda al frente, también. En la entrada de Zorba habían unas 10 personas. Nadie me dijo nada, nadie hizo nada. Solo al llegar a la esquina del Palermo, mientras lloraba y seguía gritando como una loca para ir a encontrarme con Ronal, un hombre y una mujer se me acercaron para abrazarme y decirme que la vida era lo más importante. A los señores ladrones: no se llevaron un celular, se llevaron la confianza de alguien que todavía creía en esta puta ciudad.

Estadísticas importantes:
75 “Me gusta”. Estoy segura que no quisieron decir eso. Pero, Facebook no tiene la opción de “No me gusta”.
14 veces compartido.
97 comentarios. El 80 por ciento de ellos incluía abrazos.
15 mensajes internos.
10 llamadas de personas preocupadas.
10 mensajes en whatsapp

Acto número 8
Intento de denuncia. Comencé en una inspección de Boston. Me dijeron que no atendían los sábados y que para delitos menores debía dirigirme al búnker de la Fiscalía o a la estación de La Candelaria, de lunes a viernes. Resultado: esperar 48 horas más.

Acto número 9
Ir a Tigo a recuperar la línea y a endeudarme para tener un nuevo celular. Menos potente, menos aparente, de menor envidia, menos público. Requisitos: que se pueda sacar en un lugar diferente a la casa o a la oficina. Un celular que no potencie el miedo.

Acto número 10
Lunes 2 de septiembre. Día compensatorio. Motivo: denuncia.

Madrugué a la estación de policía de La Candelaria. Me fui en taxi porque ando sospechando de todas las personas que se me acercan. Llegué antes de las 8 de la mañana. Un policía me atendió y me preguntó que a qué iba. Le dije que a denunciar un robo. Me preguntó que de qué, le dije que de un celular.

Me entregaron un formato (denuncia predeterminada) con doble hoja y papel carbón en la mitad. Es un formato para declarar robos menores. Preguntan la fecha, el nombre del atracado, la cédula, un teléfono de contacto, el lugar y la fecha donde acontecieron los hechos y los objetos o documentos robados.

Antes de firmar hay un letrero, también predeterminado, que dice: “Informa que desconoce quién cometió el hurto, así como donde se encuentra o pudiera encontrarse y que no desea formular querella ya que su única pretensión es que las entidades correspondientes tengan conocimiento de lo sucedido y se realicen los trámites pertinentes. Lo anterior se expide a solicitud verbal del interesado con el objetivo de adelantar trámites legales y no es válido como documento de identificación”.

Luego, hice una fila para esperar a que me atendiera la señorita agente (los policías no tienen nombre). Mientras esperaba y miraba la fría estación pude ver varias cosas: a un hombre que lo iban a trasladar para la cárcel de San Cristóbal, antes del atraco me hubiera dado pesar y hubiera dicho que era humano y en fin… Pero no me dio pesar. Ya tengo el corazón dañado. También vi a un policía coqueteando con una chica y a dos señoras a las que no les funcionaba el lapicero.

Dos minutos antes de entrar a donde la señorita agente llegó a la estación una niña de 17 ó 18 años, morenita, con la cara tierna y uniforme azul como si estudiara enfermería. Estaba llorando y no tenía zapatos. La habían acabado de atracar, mientras se bajaba del bus a una cuadra de la estación de policía. Le robaron todo. Por el desespero que se le veía, dejé que entrara antes que yo. Luego la abracé.

Por fin llegó mi turno. La señorita agente me saludó, recibió la denuncia y se produjo la siguiente escena. Luces, cámara y acción.

Agente: ¿Por qué va a denunciar?

Perla: porque creo que es el deber de todo ciudadano cuando lo atracan.

Agente: ¿Es para hacer reposición de equipo?

Perla: no.

Agente: pero usted sabe que esto no le va a servir para nada.

Perla: sí, yo sé. Pero creo que si uno como ciudadano se conforma con esa respuesta, esto va a seguir así de mal. Creo que hay que denunciar y estoy en mi derecho de hacerlo. No me interesa el celular, yo sé que no va a aparecer; pero, me interesa que ustedes lo sepan y estén alertas al sector. Yo denuncio para que ustedes trabajen.

La agente parecía apenada luego de mi corto discurso. Aunque el formato es predeterminado, me preguntó que dónde había sido. Le conté que en El Poblado, con arma de fuego, dos hombres en una moto.

Agente: Mmmm a esos ya los tenemos identificados. Es normal que atraquen por allá. Los han denunciado varias veces y también los han cogido varias veces. Es una bandita. Pero como son delitos menores la Fiscalía los suelta rápido. Si le hubieran disparado tal vez se podría hacer algo más. Algún día caerán. Algún día.

Firmó el denuncio.

Me fui asombrada. En especial por esa última parte: “Si le hubieran disparado”. Me recordó esos momentos de urgencias en los que si no hay sangre abundante no hay enfermedad. Tal vez un hueco en mi estómago o una invalidez hubieran sido pruebas suficientes para detener a los hampones.

A las víctimas de robos en El Poblado lamento informarles que no los obligué a dispararme y que por eso de ahora en adelante se tienen que aguantar los atracos y atropellos. Hasta que alguien esté dispuestos a prestarle uno de sus órganos a los méritos de la justicia colombiana.

Nunca me preguntaron por el momento del robo. Tampoco por el lugar exacto ni mucho menos si me acordaba del ladrón, de su cara o de su ropa. La historia del arma de fuego fue solo un fantasma que se esfumó luego de la fría conversación con la señorita agente.

Todos los esfuerzos que hice para recordar al ladrón solo me sirven como una buena ejercitación de la memoria. Esa mirada tan común en los ojos de los jóvenes de Medellín, esa que te dice que pueden matarte sin ningún remordimiento, solo transita en mi cabeza y por alguna de las calles que quedan cerca del barrio El Poblado en Medellín.

5 comentarios:

@julilondono dijo...

Mmm... sigo sin mucho que decir. Es triste. Un triste reflejo de esta ciudad que nos duele con cada hecho de estos. La misma ciudad que amo, pero que me rompe muchas veces el corazón. Otro abrazo para ti, por lo menos eso suma ;)

Juan David dijo...

A 8 horas de distancia en Carro, te leo y parece que me hablaras de un robo en ciudad jardín uno de los mejores barrios de Cali, mi ciudad...te leo y me desconsuela saber que esas respuestas de la autoridad son un libreto nacional...te leo con dolor a tu dolor y con la angustia que pudiste tener ese momento.

Juan David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Perla Toro dijo...

Juli, muchas gracias. Tus buenos deseos siempre son muy sentidos. Juan, es una lástima pero creo que esa sensación de seguridad es en general en nuestro país. Muchas veces consecuencia del hambre y la pobreza; pero, en otras veces de la conformidad de la gente para vivir. Saludos a los dos y gracias por leerme.

Juan Carlos Vélez S. dijo...

Perla que impotencia tan berraca, que indolencia, que indiferencia, que deshumanización, ya se hizo parte del paisaje. Mmmm entonces la próxima vez nos tenemos que hacer pegar un tiro o que nos den una puñalada a ver si medio reaccionan los policías sin nombre? Es como si nos quedaran dos salidas posibles: Poner la otra mejilla, y que nos sigan atropellando; o nos comemos a mordiscos con los malos del paseo y borrón y cuenta nueva. Algo tenemos que hacer pero me estoy mamando de poner la otra mejilla cada vez.