miércoles, 5 de mayo de 2010

Cucarachas en las tripas


Confesiones de una gallina de cuerda incoherente que tenía miedo, para un soldadito de plomo arrepentido

El regalo que más veces me han dado (repetido) en la vida es un botón de Andy Warhol que dice: “I am a deeply superficial person”. En total, cinco personas me dieron el mismo obsequio.

Soy una cazadora de datos autistas, películas tontas, cartas de amor y revistas de vanidades. Me gusta pintarme las uñas y los labios de rojo, comprar zapatos, cremas para la cara y medias veladas. Soy más plástica de lo que puedo llegar a soportar, pero hago un trabajo fuerte por aguantarme.

Algunos dicen que me veo agresiva. Pero, me siento como una flor, como una libreta de mala calidad a la que se le caen las hojas o como un pastel de hojaldre que se desbarata con el primer mordisco. También hay quienes creen que soy valiente, pero solo yo, y mis más de mil personalidades (de esas que ensayo sagradamente todos los días durante 10 minutos en el espejo), saben que no es así.

Le tengo miedo a las cucarachas, a las personas muy inteligentes, a los hombres mayores que intentan pretenderme (que no son muchos) y sobre todo... desde hace algunos meses, me da mucho miedo enamorarme. Más que a las cucarachas, le tengo miedo a los gusanos en la tripa.

Cada que tengo miedo, es decir muy seguido, pienso en Woody Allen, quien ha logrado patentar en mi memoria palabras e imágenes de corazones que laten y se desangran. El conjunto de letras que más recuerdo de este judío de mente pervertida y pasiones refundidas, es: “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otros”. Tan escuálido, tan feo, tan freak, tan sabio el Woody. Me hace temblar. También le tengo miedo.

Es extraño, no le temo a la muerte, pero si me da mucho susto estar gorda. Aunque me gusta volar, me da miedo caerme. También le tengo temor a la soledad y todavía creo que debajo de la cama hay un monstruo. No quiero que mi papá se muera y me da miedo pensarlo. Mi mamá no se va a morir, yo sé.

Me gusta mucho la electrónica y eso me hace más plástica en mi mundo de intelectuales muertos, insoportables, de los que me rodeo para “sentirme mejor”. También me gusta hacer bromas. La electrónica me agrada porque puedo tirar la cabeza, de un lado para otro, sudar y enamorarme sin tener que acercarme mucho a otras personas. Me da miedo bailar con alguien que esté a menos de 30 centímetros de distancia de mi cuerpo.

Veo sangre y me desmayo, será por eso que no me gustan los médicos y que relaciono la palabra bruja con una enfermera angelical que se deja venir sobre mi pálido brazo con un pedacito de algodón, una jeringa, una cuerdita de caucho y una sonrisita malvada que dice: “voy a salvarte la vida”. La mejor película de terror tendría que tener una enfermera que cure zombies.

Y dentro de la larga lista de mis tinieblas, también les temo a las personas que hablan poco, a los que se encierran a escribir en los armarios, los muy espirituales me dan alergia y con los muy profundos me suelen dar ataques de paranoia.

Me gusta la gente que es capaz de odiar, porque es pasional, los que viven en el lado oscuro y las sirenas que se traban con barbitúricos en las orillas de los ríos. Quiero tener un vagabundo que se esconda detrás del ojo de mi puerta y sueño con un vampiro capaz de morder mi cuello hasta dejarme sin un último suspiro. Me da miedo ser inmortal.

Tan miedosa, tan plástica, tan gallina, tan incoherente, tan loca, tan paranoica, tan obsesiva, tan caprichosa, tan insoportable.

Como tus recuerdos, como una musa, como una medusa, como una suicida de Bukowski que se clava agujas mientras hace el amor, como la más puta de todas las señoras, tan sufrida como las chicas de las que escribe Martin Amis, de esas que no son amadas por los hombres, que provocan guerras, que parecen tontas, de esas que sueñan con ser una cerilla.

Tan miedosa, tan loca, tan plástica, tan incoherente, tan paranoica, tan obsesiva, tan cansada de tí, con una perra alcohólica como de la de Irma la Dulce, tan pensativa… y ahora tan inalcanzable.

10 comentarios:

Andrea Doria dijo...

Tu esencia me gusta.. tan tú! tan bella.Y tú...inalcanzable. Abrazos!!!

C. dijo...

Qué raro los miedos. La frase de Woody Allen está brutal. Nunca he sido bueno para los comentarios, qué pena, así que en vez de eso, mejor digo que me gustó bastante esto. Saludos.

Margarita dijo...

Uy, Perla, me encantó este post. Y ya.

ALEJANDRO dijo...

Ah! qué blog tan bacano, por aquí en la oficina ya tenés fanaticada. Gracias por hacerme recordar a el señor Allen.

Vera dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vera dijo...

"Me gusta la gente que es capaz de odiar, porque es pasional, los que viven en el lado oscuro y las sirenas que se traban con barbitúricos en las orillas de los ríos. Quiero tener un vagabundo que se esconda detrás del ojo de mi puerta y sueño con un vampiro capaz de morder mi cuello hasta dejarme sin un último suspiro. Me da miedo ser inmortal!
.... Este fue mi preferido... siempre es un placer leerte, se me eriza la piel, indudablemente es un placer leerte...

Morcheros dijo...

Me gusta tu miedo, solo si viene acompañado de una dosis igual de coraje. La analogía del pastel (que yo imagino de arequipe) es genial, casi tan buena y tan arraigada en esta ciudad como el piropo del Metro cable. ¿Quienes serán esos intelectuales muertos? Más bien -porque eso no me importa y he conocido algunos-: ¿Yo en dónde encajaré para vos según esa estratificación de la mente, las ideas, el estudio y el espíritu? ¿Te provocaré "ataques" de paranoia? o hasta allá no llega mi "profundad" ficticia, mi profundida verdadera, mi profundidad superfluoa.

Seguí volando


P.d. No todos las "personas muy inteligentes" so(mos)n malas. Prometo leerte más juiciosamente.

Helena dijo...

Siento curiosidad por el comentario eliminado...

escenaenelmar dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
escenaenelmar dijo...

Helena, no los he eliminado yo. Parece que fueron sus propios autores. A mí también me invade el bicho curioso. Un abrazo.